En Asmara, la capital de Eritrea, la gente ha salido en masa a celebrar en las calles con música y muchas bicicletas cada una de las tres victorias de Biniam Girmay (2000) en el Tour de Francia. Son las primeras de un africano de piel negra en la carrera más importante del calendario. Ayer se quedaron en casa, mustios. Su compatriota no pudo repetir en la última gran oportunidad para los sprinters en Nîmes porque se vio involucrado en una caída a falta de 1,3 km para la meta, lo que le descabalgó. Llegó retrasado, dolido, escoltado y empujado por su compañero Goossens, como Ocaña en el Ballon d’Alsace en 1969.

Seguir leyendo…