“Gavi solo hay uno”. Así definen quienes más le conocen a Pablo Páez Gavira, un vendaval futbolístico que irrumpió en la élite tanto en el Barça como en la selección a los 17 años y cuyo meteórico ascenso no se detuvo hasta que una de sus rodillas quebró. “Rotura completa del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha y lesión asociada en el menisco lateral”, decía el frío comunicado médico del 20 de noviembre del año pasado, un día después de que el seleccionador, Luis de la Fuente, le alineara de titular no sin polémica en el España-Georgia. A los 22 minutos de juego, instantes después de que una patada anterior le dejara renqueante (le aplicaron un simple spray), Gavi saltó y notó enseguida que algo fallaba en su articulación al tomar contacto con el césped. Han pasado casi once meses de aquella desgracia y al fin está preparado para regresar.
Gavi vuelve, ya no hay quien lo pare