Cuando el Espanyol se mira al espejo, éste nunca le dice que es el más guapo del reino. Como un incomprendido en una tierra de gigantes, el equipo perico sabe que siempre debe ponerse su mejor traje para poder destacar en un mundo tan aparente. Eso y evitar que las manzanas envenenadas, como lo fue el Sevilla, encuentren la pócima mágica que les mande a dormir. Ayer fue el extremo belga Lukebakio, con dos goles en el primer tiempo, el que le hizo mirarse en ese condenado espejo para mostrarle la dura realidad que los buenos resultados en casa habían ocultado.

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