Hay sprinters simpáticos como Sagan. Hay velocistas que imponían respeto como Zabel. Otros que eran geniales como Freire. Estuvieron los pioneros Poblet o Van Looy. Los hubo elegantes como Van Poppel y otros que asustaron por sus movimientos, como Abdujaparov. Otros como Petacchi o Kittel, que, cuando estaban en forma, eran imbatibles. Y uno, Mario Cipollini, que creó escuela, que después ha sido imitado hasta la saciedad, al inventarse el treno de aproximación a la meta.
Se va Cavendish, el último ciclista que ganaba fácil