No hubo resaca de la noche de los muertos en el Palau Blaugrana. Tampoco de Halloween. Demostró el Barça ser un equipo que está muy vivo, recuperada la senda del triunfo tras dos derrotas consecutivas ante un Panathinaikos que se dejó el alma en Atenas. Hasta Roger Grimau, siempre tan aparentemente calmado, certificó ese estado vital azulgrana protestando de manera poco habitual en él una posible falta y recibiendo una falta técnica. Fue más un acicate que un borrón a una noche marcada por los actores secundarios en el Palau.
El Barça se reencuentra ante un Panathinaikos sin alma