Demasiado pronto despertó el Joventut del sueño copero, arrollado en la segunda parte por un Unicaja con muchas más tablas y que también pareció tener más hambre, convertido en semifinalista sin atisbo de duda ni apelación. El equipo de Miret, en evidente crecimiento este curso, desapareció del parquet tras el paso por vestuarios falto de recursos, con Dekker como clavo ardiendo y Tomic demasiado solo en la pintura, terriblemente desacertada la tarde para Pustovyi.

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