De vez en cuando se dan partidos así. Recoges la acreditación con gesto rutinario sin tener ni idea de lo que te espera. Has llegado más pronto de lo habitual porque un Barça-Atlético suele anticipar grandeza y crees que colocarte antes en tu puesto facilitará la inspiración. En los prolegómenos, cualquier detalle suele valer. De repente, con el ordenador ya conectado, el partido te pasa por encima y exige que solo escribas de él. Todo es chicha. Nada le sobra. Qué excitación.

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