Marcell Jacobs pasó en un suspiro del anonimato a la gloria olímpica, coronándose campeón en los 100 metros de Tokio. Su ascenso fulgurante despertó sospechas y recelos, nunca respaldados por pruebas concretas. Lo que nadie esperaba es que esas mismas dudas sobre la limpieza del velocista italiano también las tuviera la familia de Filippo Tortu, su compañero de selección y de oro en el relevo 4×100. Ahora, lo que comenzó como una rivalidad deportiva amenaza con acabar en una batalla legal por una historia de espionaje.

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