Hace solo 22 días quien firma este artículo no podía correr ni un kilómetro. A principios de febrero sintió un latigazo en la espalda que le mantuvo en la enfermería deportiva durante tres semanas. Un horror en medio de la preparación de un maratón, esas 13 semanas en que hay que incrementar kilómetros, ganar resistencia y ponerte lo más fino posible, en todos los sentidos. Desde entonces se produjo una carrera contra el tiempo. Lo fácil hubiera sido rendirse pero quería estar en la línea de salida y hasta donde fuera posible. Esta vez no importaba el ritmo de cada kilómetro ni la marca final. Solo quería participar de una fiesta que me enamora porque esta distancia no conoce parangón. Era la quinta en Barcelona y siempre he experimentado todos los estados. De la euforia al sufrimiento, pasando por la concentración, la risa o el compañerismo. Esta vez sobre todo se trata de orgullo, orgullo de terminar, de haber conseguido lo que me parecía impensable cuando no podía ni caminar sin dolor.

Seguir leyendo…