Con mi amigo Félix Monclús hace años que coincidimos en una cosa: los clásicos son partidos con vida propia. Es tanta la rivalidad que cualquier antecedente estadístico no influye para nada en el siguiente. Es más, si hay una tendencia fiable es esa que dice que el equipo que llega en peor estado o clasificación es el que acostumbra a ganar. Esto ha de servir de aviso para navegantes y ha de poner en alerta al Barça. El equipo de Hansi Flick se presentará a la final de Copa del 26 de abril en la Cartuja de Sevilla habiendo ganado holgadamente los dos enfrentamientos que han precedido esa final esta temporada. Uno, en la primera vuelta de la Liga en el que asaltó el renovado Bernabéu con un 0-4. Fue aquella toda una exhibición de los barcelonistas en la práctica del fuera de juego. Hasta en 18 ocasiones los delanteros blancos mordieron el anzuelo de la defensa avanzada, especialmente la gran estrella Mbappé, que desquiciado, incurrió en el error la mitad de las veces, nueve.

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