La estampa del verde de Montjuïc cuando Melero López pitó el final del partido, más de 100 minutos después de que Barça y Celta empezaran el combate, se asemejó más al de una final que al de un simple partido de Liga. Jugadores estirados sobre el césped, entre agotados y eufóricos. Otros, brazos en alto, celebrando una victoria que sabe a mucho más que los tres puntos. Y Hansi Flick, el jefe de todo, con una sonrisa que no le cabía en el rostro, saliendo escopeteado hacia Raphinha, embocador del penalti decisivo, y abrazándole con la misma efusividad que aplicaría con su propio hijo. Aunque la estampa más espectacular la fabricó Iñigo Martínez celebrando el 4-3 del brasileño, agarrando el banderín del córner, mirando a la grada y abriendo los brazos, emulando a Gerard Butler en el póster de 300.

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