Ningún gran club de fútbol del mundo, ninguno, privaría a su afición de aplaudir a los jugadores que acaban de ganar un Mundial, precisamente con el sello y las virtudes de la casa. Ninguna entidad futbolística en tanto que “empresa” renunciaría a rentabilizar la fotografía de ocho jugadores con la camiseta del equipo, la copa del Mundial y su estadio de fondo.

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