El FC Barcelona es, entre otras cosas, un club polideportivo, pero el estado anímico de su masa social depende casi exclusivamente de su equipo masculino de fútbol. Joan Laporta, que ha hecho de su cargo presidencial el leitmotiv de media vida (sumará entre todos sus mandatos 17 años en el palco), conoce mejor que nadie esa circunstancia y desde que llegó a la presidencia en el 2021 trató de replicar el modelo que ya empleó antes (2003-10), consistente en levantar la moral de la tropa a partir de un equipo de fútbol atractivo que sirva de gasolina y motor para el resto de la entidad. No es nada fácil lograrlo y los damnificados han sido numerosos y demasiado ilustres (Messi y Xavi, los de mayor magnitud), pero después de años de luces y sombras se está imponiendo la luz. El club y su gente respiran optimismo y de la situación económica se habla ya muy poco y así parece que importa menos.

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