Innovadores y valientes, así definió Joan Laporta la acción y los propósitos de la junta que preside. La asamblea de compromisarios del sábado volvió a ser un ritual de afirmación. Un ritual en el que brilló, omnipresente, la pedagogía elocuente de un Ferran Olivé capaz de transformar síntomas objetivamente alarmantes en diagnósticos esperanzadores. Optimista por convicción, Laporta volvió a pedir confianza a los socios. Coqueteando con el chantaje emocional –“Os necesitaremos más que nunca”–, los invitó a construir un futuro en el que confluyen ilusiones legítimas, actos de fe, cuentos de la lechera, trucos de prestidigitador y, como contrapartida aguafiestas, un significativo aumento de la deuda.
Fin de semana perfecto