El Pequeño Maracaná de Belgrado es un estadio icónico para los barcelonistas que peinan canas. Allá, en octubre de 1982, Diego Armando Maradona, ataviado con la casaca blaugrana, transformó un gol de vaselina de una calidad y una plasticidad inolvidables. El estadio serbio, oficialmente de nombre Rajko Mitić, vivió días mejores, como el fútbol de su país, pero para siempre quedará en el historial de Xavi Hernández, un icono del barcelonismo, que allá logró su primer triunfo como seleccionador de los Países Bajos.

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