La victoria de España en Wembley, brillante y meritoria se mire como se mire, tiene dos caras. De puertas afuera, la campeona del mundo dio otro golpe en la mesa y maravilló a sus rivales, que admiten sin tapujos su superioridad. Pero, de puertas adentro, dejó alguna sombra que en Las Rozas ya están intentando iluminar. Durante un tramo de la segunda mitad, Inglaterra sometió a la roja, a la que pocas veces se ha visto tan a merced de un rival. Su reacción fue soberbia y con el impulso que le dio Álex Baena, la selección le dio la vuelta al marcador y se llevó la victoria. Pero de la estabilidad y regularidad mostrada durante todo el Mundial hubo poco rastro.

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