Salimos de una semana centrada en la crisis de la vivienda para entrar en las del Barça-Madrid del 25 de octubre. Como quien no quiere la cosa, pasaremos de hablar de la dificultad de acceso a la vivienda a hablar del precio de unas entradas y, claro, de cómo podría o tendría que gestionar el club el aforo en el estadio. Y por desgracia, me temo que, según cómo, los dos fenómenos se miran de reojo.
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