Dos minutos y 26 segundos. Eso necesitó el Espanyol para anotar dos goles en el tiempo añadido (minutos 97 y 99) en Eibar y remontar un partido que tenía perdido y que, además, había merecido perder. Pero si los milagros existen, ayer se produjo uno en Ipurua, en un final para la historia de la liga (se trata de la remontada para ganar más tardía del fútbol profesional en España) que puede suponer un punto de inflexión en la temporada. El resultado, más allá de insuflar camiones de autoestima a la plantilla y a la afición, permite al equipo perico encaramarse de nuevo a las posiciones de ascenso directo, algo que no sucedía desde la duodécima jornada del campeonato, todavía con Luis García en el banquillo.

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