Con permiso de la autoridad competente, y sin ánimo de ofender al señor presidente, debo confesar que disfruté mucho anoche viendo jugar al Barça aún a riesgo de que estando en el bando de los malos barcelonistas –cosa que me impide dormir por las noches– disfrutar con el juego del equipo sea anatema y signo de oportunismos.
Los malos barcelonistas