Aprincipios de 1958 el FC Barcelona decidió dotarse de un gerente. Un cargo inexistente para el que fue designado Joan Gich (Agullana 1925-Madrid 1982). No sin polémica, porque en la etapa presidencial de Miró-Sans, como en la modernidad, cualquier decisión trascendente del club azulgrana pasaba por el escrutinio devorador y hasta la burla de socios y aficionados, de opositores y de los medios informativos. Ya un año antes se había sugerido la posible incorporación de un alto empleado que modernizara la actividad diaria del club. En síntesis, se dijo entonces que “si va a realizar las actividades que corresponden al presidente, para qué necesitamos presidente”.

Seguir leyendo…