Como un estudiante que sale de un examen con la sensación de haber sacado una buena nota, Lamine Yamal abandonaba el estadio de Wembley con una sonrisa de oreja a oreja. El astro de Rocafonda salía andando por las entrañas del estadio con una pizza en la mano y destilando satisfacción y tranquilidad. Si el duelo ante Inglaterra debía servir como termómetro para medir sus aspiraciones al Balón de Oro ante uno de sus grandes rivales en la carrera, el Bota de Oro Harry Kane, la cosa había ido la mar de bien. Lamine se había sentido cómodo desde el primer minuto sobre el verde de la catedral y había dejado su sello en un estadio legendario. Los ingleses volvieron a sufrirle.
Lamine Yamal acelera hacia el Balón de Oro con su exhibición en Wembley