–¿Usted puede imaginarse qué significaba todo aquello para mí? De repente, estaba disputando la final del Mundial de saltos en el templo de la hípica, en Aachen (Aquisgrán, en castellano). ¡Miles de personas me contemplaban en un lugar que es mágico! Todo jinete de élite que se precie quiere concursar en Aachen.
La hípica alemana juega en otra liga: enlaza la Copa de las Naciones a su título mundial