Había muchos nervios mientras sonaban las notas de Live is life , la misma canción que Diego Armando Maradona bailó a toques del balón durante aquel entrenamiento de 1989 que en Nápoles les quedó grabado en la retina. El estadio bautizado con el nombre del astro argentino era anoche consciente de que el partido contra el Barcelona no era un partido más. Después de una temporada negra y de humillantes derrotas –dolió especialmente el 0-4 en casa que les propinó el Frosinone y les echó de la Copa Italia–, recibir al Barcelona herido de Xavi tenía un significado mayor que una ida de octavos de final de Champions.

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