Sombras saltarinas, ágiles y elásticas, danzan bajo los focos. Apostados en las esquinas, los técnicos vocean, lanzan instrucciones incomprensibles, y las sombras, dos por combate, se agarran de los quimonos, se retuercen y se proyectan sobre el tatami.
Fran Garrigós y Laura Martínez acarician el podio: así podría acabar una maldición de 24 años