Terremoto en el planeta madridista a causa de una decisión arbitral típicamente culefóbica. El Barça y el Madrid se disputan el monopolio del victimismo arbitral. El espectáculo es grotesco: comparten acusaciones que los convierten en corruptos hijos del negreira-leninismo o en esbirros del gurucetismo sociológico. Es un fenómeno tan antiguo como el fútbol. Pero el VAR y la interpretación oportunista que hace el sensacionalismo de muchos medios lo exacerba hasta un nivel de delirio autodestructivo que debería ser –no lo será– insostenible.

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