El mejor antídoto contra la desidia en este comienzo de Liga es el Girona. Una enorme fuente de alegría con la que luchar contra la depresión posvacacional. Su fútbol ofensivo supura reconstituyentes anímicos muy recomendables para la salud de los aficionados. Míchel Sánchez es el chamán que condimenta la poción mágica, pero tan importante es él como Quique Cárcel, arquitecto de la plantilla desde hace nueve años, en los que ha usado más el pincel que el cincel.

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