Simone y Ale Micheletti cambiaron el infierno por un paraíso terrenal. Nacidos en Nigeria y de sangre italiana –su bisabuelo llegó hace cuatro generaciones a la costa nigeriana para construir ferrocarriles y no regresó a Europa–, les echó de su tierra natal el estallido de violencia de 2001 en la ciudad de Jos, cuando la sangre corrió por las matanzas entre nómadas musulmanes ganaderos y agricultores cristianos sedentarios. Los dos hermanos dejaron su vida atrás para salvar el pellejo y hallaron un nuevo hogar en mitad de un milagro: el edén entre el delta del Okavango y los humedales de los ríos Chobe y Zambezi que son hoy refugio de la mitad de los elefantes de África, además de leones, búfalos, jirafas y leopardos.

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