El Shakhtar Donetsk es hoy un club nómada. Un equipo sin casa. Las bombas han alejado a los futbolistas de su lugar de origen en el sureste de Ucrania. También a sus aficionados. Por allí, en el Donbass, hace ya nueve años que no rueda el balón, exiliado el club primero a Kyiv, después a Lviv y Járkiv, más tarde a Varsovia y ahora a Hamburgo. En Alemania disputan este año sus partidos de la Champions League, competición que le sirve a este equipo y a su mecenas, Rinat Ajmétov, para tener visibilidad internacional.

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