La reacción natural tras escuchar las declaraciones de Gündogan es el aplauso apresurado. Por falta de costumbre, convertimos en héroe al futbolista que alza la voz para recriminar a su vestuario la falta de compromiso. Si el que denuncia es, como en este caso, un jugador respetado con razón por su palmarés, prestaciones técnicas, modales en el campo y edad, se le da mucho más vuelo a la amonestación. En tiempos en los que el acceso a la verdad está muy vedado o directamente no interesa, las acusaciones de Gündogan darán para muchas teorías. No es esa la labor del periodismo. Veamos.

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