Noviembre suele ser gris y propicio para el desánimo. Xavi Hernández lo sabe. Aceptó el desafío del banquillo blaugrana hace dos años en ese mes otoñal y se encontró con un panorama complicado que fue capaz de revertir. Fue esa una crisis heredada. La plantilla cojeaba en un sinfín de demarcaciones y faltaba calidad. Aun así, alternando fases de buen y mal juego y contando con el acompañamiento de un entorno comprensivo, clasificó al equipo para la Champions League.

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