Xavi Hernández tuvo que encomendarse a un cabezazo de Lewandowski para alejar posibles fantasmas de que su continuidad en el banquillo del Barça se viera cuestionada. Quizás la situación no sea tan crítica, pero a más de uno le vino el recuerdo de aquel otro cabezazo del de Terrassa en una gélida noche de diciembre en Valladolid que salvó el puesto de Louis van Gaal, que acabaría la temporada ganando su segunda Liga consecutiva como técnico blaugrana.

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