El pequeño campo de Vallecas merece preservarse como recordatorio de lo que el fútbol ha sido y de lo que ahora detesta el fútbol, nueva patria de los fondos de inversión, comisionistas, especuladores y codiciosos en general. En ese campo juega un equipo barrial, sostenido por una hinchada que no se pliega al gobierno de los dos colosos de la ciudad y mantiene una identidad admirable contra viento y marea. Jugar en Vallecas es toda una experiencia y para el Barça, una experiencia difícil de sobrellevar. Empató a última hora, después de dormitar en el primer tiempo, como si no viniera avisado de la dificultad del partido y de las críticas que pesan sobre el equipo.
Incoloro, insípido