El Girona es una entidad joven en el éxito. Hace solo dos años luchaba contra su desdicha en Segunda. Hoy, en cambio, es la gran revelación del fútbol europeo. El equipo al que todos miran asombrados, y también admirados. Esa rara avis a quien los antiguos descartan para cotas más altas, mientras los entendidos invitan a recelar sobre su modestia. Porque de fútbol anda sobrado este equipo, y de talento y de extremos punzantes. Y de un técnico entendido. Pero a todo ello suma además un arma secreta. Cuando todo eso falla y nada funciona, cuando el equipo siente la zozobra bajo sus pies, como contra el Valencia el pasado sábado, en Montilivi saben que quien aparece es Cristhian Stuani, el ángel de la guarda del Girona, sea cuando sea que lo necesite.
Stuani, un ángel de la guarda perpetuo