Hace trece años de su inesperado debut en el Bernabéu en la victoriosa ida de las semifinales de la Champions. La noche de los rastreros lamentos de Mourinho, Sergi Roberto con tan solo diecinueve años, saltó al rectángulo de juego como una reivindicación de Guardiola sobre lo que debía ser el modelo del Barça basado en el talento de la Masia y como contraposición del galacticismo de Florentino Pérez. Nacido en Reus hace treinta y un años, hijo de un madridista Josep Maria y de una culé María Rosa, llegó como cadete al Barça procedente del Nàstic, a cuya puerta también llamaron los responsables de la “fábrica blanca”.

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