La reacción tampoco llegó en Mónaco, sino todo lo contrario. El Barça se plantó en el Principado, para jugar el último partido de la primera vuelta de la Euroliga, con la necesidad de dar un paso adelante que aumentara la confianza del equipo y reforzara los frágiles cimientos del incipiente proyecto de la sección. Pero la realidad, especialmente en este diciembre tortuoso, con más derrotas que triunfos, volvió a ser tozuda. Los de Roger Grimau ofrecieron, una vez más este curso, una defensa endeble, muy contemplativa, que facilitó la victoria de los monegascos (91-71). Tampoco funcionó la parcela ofensiva en otra derrota abultada este año. Ni siquiera necesitaron los locales a un estelar Mike James, máximo anotador del torneo, que desde el tercer cuarto jugó con una brecha en la cabeza tras un golpe con la mandíbula de Satoransky.

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