Un bálsamo después del enésimo susto. Un alivio necesario tras tantas dudas. Un calmante para un momento delicado que estuvo a punto de serlo más. El Barcelona, lejos de ser inmisericorde y sacudirse los fantasmas, tuvo dos caras en Salamanca. Sufrió en la primera mitad y sentenció en la segunda sin grandes alardes, tampoco en un campo de Primera RFEF. Hace cuatro años, el Madrid jugó en la Copa contra el Unionistas –aún no en el Reina Sofía, sino en las humildes pistas del Helmántico- y se presentó con Bale, Vinícius y Benzema. Entre el galés y Brahim solventaron la eliminatoria. El Barça no pasó este jueves por João Félix, titular, ni Lewandowski, que entró al rescate, ni Vitor Roque, que jugó los últimos diez minutos. Los que mantienen a los de Xavi en la Copa fueron dos defensas, Koundé y Balde, ambos muy criticados este curso, que en la segunda parte impusieron la lógica. Y le dieron de beber al Barcelona una tila para calmar los ánimos.

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