Llegar al partido y besar el santo. Aparecer y resolver. Salir y decidir. Vitor Roque encontró por fin su día para iluminar a un Barça tenebroso y angustiado. En el primer partido desde que Xavi revelara su marcha a final de temporada el brasileño, único fichaje de invierno, pegó un brinco sensacional. Embocó con la testa un servicio con el exterior de Cancelo y gritó de felicidad. Era su estreno realizador como azulgrana. Mientras, el barcelonismo se aliviaba. En el partido que tenía pendiente el Barça batía al Osasuna y acumula cinco puntos de renta con respecto al quinto, el Athletic. Esa es ahora la Liga de un Barcelona tieso y de mínimos.

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