Joan Laporta se dirigía ayer a un público transversal, a cientos de miles de oyentes que escuchan cada día RAC1, y lo normal es que su discurso, bien estructurado, convenciese a más de uno. Recordemos que, por oficio o afición, o incluso por los dos motivos, quienes conocemos el día a día del club y la distancia entre lo que se dice y lo que acaba pasando somos una minoría quejosa e incómoda, y que al resto de los mortales, probablemente más sanos que nosotros, esto del Barça les preocupa relativamente. Ni dejan de cenar después de una derrota ni en la sobremesa de esa comida con la luz tenue se habla del cambio de modelo de propiedad del club como si les fuera la vida en ello.

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