Se masca la tensión en Cornellà, donde los jugadores del Espanyol viven atenazados por un presente poco alentador y la grada lo hace indignada ante la indolencia de sus gestores. No pararon los gritos de dimisión ni siquiera cuando Braithwaite sellaba el agónico triunfo de penalti en el noveno minuto del añadido y abandonaron los jugadores pericos el césped entre pitos de su propia afición. Se salvó Ramis sobre la bocina, aunque no debe ser muy optimista mirando hacia el futuro porque parece incapaz de activar a su equipo, que ganó sin merecerlo, y vive señalado por los suyos. Y eso que la victoria sitúa a los blanquiazules a un punto del ascenso directo pero las sensaciones mandan y no son nada buenas.
Braithwaite salva al Espanyol y a Ramis pero no rebaja la tensión en Cornellà