Repasaba los últimos apuntes en su libreta. Se ajustaba la americana. Apretaba la corbata contra su cuello. Crujía los dedos. Colocaba minuciosamente el móvil. Miraba al tendido, un Auditori Juan Segura Palomares más lleno de lo habitual. Y esbozaba una ligera y rígida sonrisa antes de empezar el acto. La tensión vivida contra el Levante, con la grada pidiendo la dimisión de la directiva y el entrenador y abucheando a los jugadores pese a la victoria, había calado en Fran Garagarza. Sobre el papel, la presencia del director deportivo del Espanyol iba a servir para analizar el austero mercado de invierno perico, pero a nadie se le escapaba que su comparecencia, junto a Mao Ye, impertérrito como siempre el consejero delegado, tenía mucha más trascendencia.
Garagarza: “Lo pasé mal con los cánticos, me da mucha tristeza la situación”