Que los árbitros son seres hechos de una pasta especial está fuera de toda duda. Solo ellos, y las grandes estrellas de la música, viven con naturalidad y un punto de vanidad casi innata que haya un estadio lleno de gente pendiente de sus movimientos. La pasta de que están hechos los árbitros es, sin embargo, todavía más especial que la de un Mick Jagger o una Miley Cyrus de turno, que saben que tienen el público a favor. En el caso de los árbitros, su magnánima templanza fluye a pesar de saber que los millares de personas que hay allí no han ido precisamente a verlos a ellos, más bien al contrario, y que cualquier decisión que tomen será juzgada por todo el mundo. Pero la presión, lejos de molestarles, parece que es la gasolina de los árbitros.
‘Rock stars’ con silbato