El Barça es una moneda al aire. Es un equipo sumido en por su propio caos, reflejo de la situación institucional del club. Incapaces de gobernar los partidos los 90 minutos, esta temporada los blaugrana transitan siempre por el alambre de la incertidumbre y en Balaídos, ante el Celta, no fue una excepción. Parecía que la famosa reacción pregonada por Xavi tenía continuidad en una buena primera parte, con un gol al filo del descanso de Lewandowski, pero en la segunda aparecieron de nuevo todos los fantasmas, otra vez con Iago Aspas como verdugo. El resultado volvió a bailar pendiente de los detalles, de los errores, y como ocurrió en Las Palmas, la ruleta barcelonista deparó un triunfo agónico (1-2) gracias a un penalti en el añadido transformado por el ariete polaco, que falló en el primer intento pero en la repetición de la pena máxima, al haberse avanzado Guaita, no perdonó. El Barça sigue agarrado por un fino hilo a la Liga, aunque viendo la poca solidez del equipo ya solo las meigas creen que pueda revalidar el título.

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