En la última curva, a punto de encarar la recta de meta, parece que el motor del Girona empieza a dar señales de agotamiento. Viajaron los de Míchel al Bernabéu hace menos de un mes crecidos, invictos a domicilio, y han encadenado tres derrotas consecutivas lejos de Montilivi desde entonces. La última llegó este domingo en un estadio que se agiganta como el gran gafe de los gerundenses. En Son Moix, donde ya cayeron eliminados de la Copa, desperdiciaron una ocasión única para ponerle un poco de salsa a la Liga. Pero, en lugar de recortar distancias con el Madrid, se alejaron un punto más tras un ejercicio de impotencia ante un rocoso Mallorca, apenas alumbrado en los últimos minutos cuando se rompió el partido.

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