La energía, la actitud y gran parte del talento del Barcelona nace de las botas de dos juveniles formados en la Masia. Pau Cubarsí (17) y Lamine Yamal (16) sienten y sufren el club como nadie. Lo demostró el primero, que cuando marcó el primer y único gol de la noche, el de la victoria blaugrana, saltó la valla extasiado levantando el puño en el aire. Dibujó su sonrisa con brackets, ese aparato dental típico de adolescentes que recuerda que a pesar de jugar con el primer equipo derrochando talento, sigue teniendo 16 años. Y, por supuesto, dibujó con los dedos la cifra 304, los tres últimos dígitos del código postal del humilde barrio de Rocafonda de Mataró. “Estoy feliz por la victoria. He armado la pierna y, como me han dejado espacio, he chutado”, explicaba después del partido. “Todo lo que sea ayudar al equipo… Saben que estoy con y para ellos. Ahora a pensar en la Champions. Marcar con nuestra afición en casa y poder celebrarlo siempre es un regalo”, añadió.

Seguir leyendo…