Ande yo caliente y ríase la gente. Un adagio de lo más instructivo, sin duda. Una invitación a ponerse el mundo por montera y a rezumar orgullo por lo que uno es, sin necesidad de aguardar aprobación alguna por parte de los demás. La mitad de los libros de autoayuda, quizás un tercio, caben en este ingenioso enunciado que ya podía leerse en el Quijote y que también Góngora tuvo a bien utilizar en una de sus letrillas.
El nuevo rico