No le pidan regularidad. Tampoco que abandone la imagen de jugador de pádel a punto de ponerse una toalla en el hombro en una pista exclusiva. Pero si hay algo que no se le puede negar es que rebosa calidad. En frasco pequeño, como los perfumes más caros, pero la categoría es evidente. Solo desde esos parámetros se puede analizar el gesto plástico que realizó para marcar de chilena ante el Cádiz. João Félix puso oro en un partido que estaba siendo de masticar tierra con un remate bellísimo, de aquellos que te hacen abrir la boca de asombro. Un gol de pincel fino, de trazo perfecto, de factura ideal. Su séptimo tanto en el campeonato, su décima diana en la temporada. Ay, si tuviera más constancia. Pero seguramente entonces no sería João Félix, sino otro tipo de jugador.

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