Con todos los ¿y si? ¿y si? que de haber sido sí y no ese frustrante no de la noche del martes en la montaña mágica habrían salvado al Barça de Xavi, y con la resaca del tortazo todavía dando la lata, la mañana empezó con nubes. Con bastante menos intensidad que de costumbre. Pero, de repente, irrumpió el sol y todos recordaron que Casper Ruud entraba en pista y que luego volvía (seguramente por última vez) este Nadal que sigue firmando llenazos en la grada. De campeonato. Y, claro, los ánimos cambiaron.

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