Según un antiguo mito indio, el brahmán Sissa ben Dahir, que formaba parte de la corte del rey Shirham de la India en el siglo VI, inventó para su aburrido monarca un juego llamado chaturanga que se practicaba en un tablero. El soberano quedó fascinado por el juego y para mostrarle su agradecimiento le ofreció como recompensa lo que quisiera pedirle. Sissa lo pensó bien y dijo: “Quiero un grano de trigo por la primera casilla de mi tablero, dos granos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta, y así sucesivamente”. El rey pensó que era una petición fácil de satisfacer, hasta que descubrió que no había trigo en el mundo para poder cumplir su promesa. De hecho, tal cantidad de trigo agrupada ocuparía unos 300.000 kilómetros, una longitud igual a dos veces la distancia entre la Tierra y el Sol.

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