En estos tiempos modernos ser perico es un deporte de riesgo, porque que el Espanyol esté en Segunda División no es suficiente penitencia para estos curtidos aficionados. Las cosas siempre pueden ir un poco a peor. Por ejemplo, es posible que en uno de los partidos más trascendentales del curso, el equipo roce el ridículo ante un rival que es casi un enemigo por quien ostenta su propiedad, Gerard Piqué, que vivió el partido desde una cabina y no desde el palco. Por ello, lo que vivió el aficionado blanquiazul ayer fue una pesadilla de esas en las que el villano adivina siempre los movimientos de su víctima. La pegada de Braithwaite le hizo despertarse antes de caerse por el precipicio pero, como su equipo en la lucha por el ascenso, se quedó al borde.

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