La carrera anual entre las embarcaciones de Oxford y Cambridge es vista en el resto del mundo como un ejemplo más de la excentricidad inglesa, protagonizada por un grupo de gentlemen que sudan la gota gorda en uno de los ríos más icónicos del planeta en el cumplimiento atávico de una tradición centenaria, y al final el capitán de la embarcación ganadora es arrojado al agua.

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